
-Mi médico se ha empeñado en que venga a verlo- le dijo un paciente al siquiatra-. Sabe Dios por qué. Estoy felizmente casado, tengo un trabajo seguro, un montón de amigos, no tengo ninguna preocupación...
- Ya - replicó el siquiatra, mientras cogía su cuaderno de notas-. ¿Y cuánto tiempo lleva así?.
Este cuentito es para todos los públicos y puede tener varias lecturas, pero la que me hicieron a mi es que nadie cree en la felicidad. Ahora bien, si uno va contando lo mal que le va la vida, sus tristezas e infelicidades, todo el mundo se lo cree, como si fuera algo natural. Si hablas de lo bien que te va todo en la vida, nadie te cree, como si fuera algo innatural. En nuestro caso particular, hasta te pueden aumentar la medicación si te descuidas. Así que las preguntas son: ¿Cuál debería ser nuestro estado natural?, ¿es la felicidad, alegría o como queramos llamarlo un ingrediente básico y esencial en la salud mental?, y si es así ¿el siquiatra nos enseña a ser felices?.
Sé feliz, y no mires con quién o como dice Marejada sé feliz hasta en la tristeza.
Tienes razón Olga pero la sociedad nos hace que la gran mayoria de veces tengamos una careta de seriedad que no es buena ya que n o nos deja no sonreir con lo bien que se siente uno haciendolo
Efectivamente las sonrisas inesperadas y anónimas tienen muy buena acogida por mi parte, tanto es así que recuerdo un día que estaba de bajón y un hombre mayor me regaló una sonrisa sin más, ni más. Al punto se me cambió el humor. Misterios de la vida.
En cambio hay personas que no paran hasta matarte la risa. Qué lástima y cómo lastiman !!! Parecen querer llenarlo todo de seriedad, como quien confunde seriedad y responsabilidad. Son los matarisas como digo e invierto mucha energía para soportarlos. Estos, como digo, parecen enemigos de lo risueño, sonriente y amable que tiene la vida. Como los definía una persona en un blog, no son otra cosa que vampiros emocionales, pero este tema requeriría un capítulo entero.
Mientras tanto, os animo y me animo para seguir sonriendo a quien nos plazca, sin ton ni son, pues en muchos casos resulta de un contagio muy agradable. Y hasta puede que algunos se den cuenta del cucharón que tienen en el tazón de su vida.
Qué bueno!
Yo lo hago... Pero sin querer.
Estos días que tengo trabajo nuevo, hace un sol estupendo y entro a las 12, voy caminando feliz con mi música por la calle...
Os propongo un juego, cuando vayais en transporte publico o caminando por alguna calle transitada solo sonreir y mirad las reacciones en la cara de la gente y comentais las reacciones
Claro que la felicidad forma parte de la vida, y menos mal??
La líena a veces entre la felicidad normal y la hipomanía (felicidad palotológica) aveces es delgada, y dificil de ver tanto para la persona que le ocurre como para el médico que le atiende.Si me pides como poderte darte cuenta, la clave quizás está en que a veces ese estado no tiene una causa desencadenante cosa que si suele ocurrir en la alegría normal, no tiene un final cosa que si ocurre con la alegría normal, y en general nos suele llevar a realizar actos no pensados con anterioridad y que a la larga nos solemos arrepentir, etc....
Otro chiste:
-Dr, cuando tomo café siento pinchazos en el ojo izquierdo.
-¿Ha probado Ud. de quitar la cucharilla de la taza?
Jejeje
(es malo pero es el único "políticamente correcto" que se me ha ocurrido)