
Esta es más o menos la pregunta que me hacía una persona que está pasando por una crisis de salud. Y como me conoce y sabe de mi le dije que la mejor terapia que he encontrado en todos estos años es el yoga y la meditación. Las pastillas siguen ahí, por supuesto. Suponen un recurso extra para el día a día y también cuando la barca comienza a hacer aguas y los reguladores eutímicos fueron un gran avance en cuanto a equilibrar el humor, pero no bastan por sí mismas.
Probé terapias con sicólogos, pero la verdad, no avancé gran cosa. Como digo, es el yoga el que me reporta grandes beneficios. Supongo que dí con la persona adecuada y a él le debo que saneara mi distorsianada autoestima. Me enseñó a quererme y hoy es el día que así es.
Pero si sólo dijera esto no completaría la historia. Resulta que en las crisis que he tenido he ido volviendo de ellas o retomándome de distintas maneras. Una vez sonó una canción y me devolvió casi, casi a mi ser. Otras veces un pensamiento es el que me ha sacado. Pero en otra ocasión la crisis no dejaba de atormentarme con una pregunta: ¿qué quiero ser en la vida?. Y las dudas e incertidumbres sólo me conducían a más tormento. ¿Cómo podía decidir en ese estado nada y menos qué hacer con mi vida?. Pues bien, en los días que siguieron dí con uno en el que estaba sentado de cara al ocaso con todo este barullo interno y de buenas a primeras, de la forma más simple y certera resolví mi cuestión. ¿Qué quería hacer con mi vida?. Vivir. Esa fue la única y prístina palabra que en gran medida me retrotrajo a mi estado normal. Es la única certeza que he vivenciado hasta la médula y ahora es la única bandera que ondea en mi mundo.
Y vivo, que no es poco. Y agradezco las pequeñas cosas que el día a día me trae. Y aunque tengo mis cotradicciones al respecto, intento llevarlas lo mejor posible.
Y aún así no estoy libre de padecer a veces bruscos cambios de humor que me dejan desolado, pero intento no añadir castigos ni despreciarme con ellos.
En cuanto al yoga, que nadie piense que lo promociono como la panacea, pero cuando menos es una disciplina que te enseña a encontrar tus espacios de relax y te introvierte en tu mente con el fin de fijarla en ese momento presente tan predicado.
Estas piedras angulares son las que me han valido, mi pequeña fórmula de superación.
Pero soy consciente que cada uno somos un mundo, que cada uno debemos hallar nuestros propios salvavidas. Con esto sólo he querido compartir un poquito de optimismo. Las cosas pueden ir bien que decía Vicward.
Y si hubiera de darte un único consejo, éste sería: ámate a ti mismo.
Que tengas un nuevo día
Adios