jpfjpf

Preguntado por jpfjpf

Buenas tardes a todas y todos
Hace alguna semanas escribí una pequeño resumen de mi infancia, la yo creo que en ésta corta edad empezaban asomar pequeños síntomas de lo que en futuro se desarrollaría mi vida, y estoy seguro que crecerían en mi los síntomas del trastorno que ahora padezco, hoy os revelare la segunda parte de la frontera de la infancia con los primeros síntomas de la pubertad.
Seré lo más breve posible, no me gustaría aburriros con mis historias, pero quien sabe, tal vez al leerme os hago olvidar por un momento vuestros malos momentos, de todos modos seré breve.
De hecho era un niño apagado, de poca sonrisa, preocupado casi siempre por algún motivo, desde mi perspectiva actual, no importaban los motivos, cualquier situación que no dominara ya era un motivo de preocupación. Bien, me centro en ésta etapa de mi vida.
Como os dije no jugaba con satisfacción con los chicos y chicas de mi calle, y recuerdo que en el primer curso de bachillerato que repetí, cada fin de semana era un trauma pensando en el lunes de vuelta al colegio, pero en especial los días de puente que a mi me parecía nunca llegaría el día o que éste estaba mucho más lejos para volver de vuelta al colegio, tenia una sensación de tristeza y preocupación que no me dejaba respirar y dormir.
Mis padres tenían unos buenos amigos que tenían dos hijos y una hija se llamaba Montserrat, pero los padres y amiguitos la llamaban Montserratina, y empezamos a jugar juntos, creo que tal vez ella me enseño a jugar y a reír, teníamos casi la misma edad, ella era unos meses mayor, era una niña o chica encantadora, maravillosa, alegre, inteligente, bondadosa, cariñosa, era guapísima o al menos a mi me lo parecía, su mirada, su voz y sus gestos dentelleaban por todo su cuerpo y los que estábamos a su lado nos contagiábamos de éste espíritu, especialmente yo.
Nos veíamos los sábados y los domingos, y en las vacaciones de verano cada día. No parábamos de jugar, de hablar, me corregía los trabajos de la escuela, pero cada día era diferente, estar con ella mi corazón empezó a ensancharse, mis labios y mis mejillas empezaron a tener color y a sonreír, a su lado mis miedos, temores y ansiedades parecía como si escapasen de mi cuerpo.
Recuerdo que un día de verano, el mes de junio hacia poco habíamos empezado las vacaciones, y todo contento iba a verla, como de costumbre, estaba en la puerta de su casa jugando con sus dos hermanos y varios niños y niñas de la calle, fui rápido hacia ella y me preguntó si quería jugar con ellos le pregunté a que jugaban, me dijo, nos turnamos para montar en bicicleta solo tenemos tres y la vamos pasando, recuerdo le contesté que no sabia montar en bicicleta, no pasa nada me dijo podemos jugar a otra cosa.
No le dije, voy a mi casa porqué hoy tengo que estudiar, no creo que se lo creyera mucho, insistí que solo había venido a verla y si me iba no era por no saber ir en bicicleta. Cuando llegue a mi casa tomé rápidamente la bicicleta que me habían regalado, y me fui a pie a la gasolinera para hinchar las ruedas y limpiarla, en la misma gasolinera me pusieron un poco de grasa en la cadena, un amigo de la calle me vio que tampoco sabia ir en bicicleta, nos pusimos de acuerdo para aprender sin perder tiempo, estuvimos hasta casi las 10 de la noche, y a primera hora de la mañana seguimos practicando, por fin era yo quien dominaba la máquina y no ella a mi, fue un momento de gloria, por fin había conseguido algo por mi cuenta.
Comí rapidísimo para llegar cuanto antes a casa de mi amiguita “la Montserratina”, algunos niños ya estaban en la calle, subí a buscarla y dije si quería jugar con ellos, y me preguntó que aria mientras compartían las bicicletas, la dije que no pasaba nada, que tenia una sorpresa para ella, al final salimos no sin preguntarme si había estudiado, en voz baja le dije, un poco.
Cuando bajamos y empezamos a jugar llegó mi turno, ella salió al paso “no podría reproducir sus palabras” lo que si recuerdo quería justificarme, no te preocupes quiero probar, así fue, por fin me parecía que era como los demás. Ella me dijo sonriendo (lo recuerdo como si fuera ahora) que asignatura has estudiado, montar en bicicleta le dije, me daba vergüenza a mi mismo, por ti y por los demás no saber pedalear.
Bueno corto el relato, que más bien parece una novela de quiosco y de las malas.
Estos momentos tan maravillosos solo duraron unos dos años y medio, tal vez un poco más, en los exámenes de 3 de bachillerato sus notas fueron excelentes, a mi me quedaron dos para setiembre, me llamó por teléfono para que fuera a jugar con ella porqué sus padres habían preparado una merienda para celebrar sus notas, como os podéis imaginar se lo dije a mis padres que iba a su casa a una merienda, y fui como un relámpago, lo celebramos, comimos y luego a jugar en su habitación, casi al final de la tarde me dijo que tenia dolor de cabeza y le parecía que tenia fiebre, fuimos a ver a su madre le puso el termómetro y recuerdo haber oído que estaba a 38 grados de temperatura, comentó que debía estar una gripe y que seria mejor que me fuera para no contagiarme, así lo hice, le dije a su madre si la podía llamar al día siguiente y me dije, la puedes llamar siempre que quieras (o algo parecido).
A media mañana del sábado la llamé y se puso su madre, me dijo que no fuera que la fiebre aun le había subido más y el médico les dijo que nos podíamos contagiar. El domingo mis padres fueron a verlos ya verla, les dije si podía ir con ellos, me dijeron que si, pero a lo mejor no podrás entrar, es igual me quedare fuera, pero yo quería ir, efectivamente no solo no me dejaron entrar, que los padres de mi “Montserratita” les pidieron a los míos si podían llevarse a sus dos hijos a mi casa unos días, y nos fuimos mis padres, sus dos hermanos y yo. No entendía bien lo que pasaba, solo era un constipado con fiebre, pero no, era una enfermedad más grave y mal diagnosticada.
No paré hasta que me explicaran lo que le pasaba, por una vez mi padre y mi abuela intentaron explicarme que es lo que le pasaba, hay una palabra que nunca se me olvidará “poliomielitis” y muy grave, es muy contagioso me dijo mi abuela, por esto sus hermanos están viviendo aquí con nosotros. Supe que el lunes ya tuvieron que ingresarla el Hospital del Mar, y ponerla en un pulmón de acero, mi padre me dijo que era un aparato para poder respirar.
Bueno, mi gran amiga y mi enamorada “Montserratita” a los 4 días de estar ingresada nos dejó para siempre, y os puedo asegurar que la recuerdo como si fuera ayer. Fue un duro golpe sin duda para sus padres, y he de reconocer que a mis padres y abuela les dolió más de lo que yo pensaba.
De alguna manera he ido recorriendo el camino de mi vida con su sombra, su sonrisa, su bondad, aquella dulce piel de sus manos que suavemente y disimuladamente nuestros dedos sen entrelazaban como las raíces de un árbol.
Prefiero no seguir por hoy, aun me caen lagrimas de sus recuerdos. Un abrazo a todas y todos y al Dr. Bordes. Jpfjpf

powered by vivu.es

Las respuestas e información reflejada en esta web son conclusiones propias de sus autores y en ningún caso sustituyen al consejo de su médico. Consulte urgentemente con su médico ante cualquier empeoramiento de su salud. Ante una emergencia llame al 112.

Sólo su médico puede prescribirle tratamientos con medicamentos, siendo su tratamiento único y personal pudiendo no ser adecuado para otro paciente con los mismos síntomas.

Cualquier fármaco mencionado en cualquier sección de esta web debe ser prescrito y utilizado de acuerdo con su ficha técnica autorizada.

El servicio del sitio web puede verse interrumpido temporal o definitivamente si no se cumplen los objetivos para el que fue creado tal y como se expone en la sección
Condiciones de Uso.