Psicofisiología del Trastorno Bipolar
Ritmos de sueño – vigilia
En el Trastorno Bipolar la psicofisiología estará alterada de distintas maneras, según la fase en la que se encuentre el paciente. El ritmo de sueño – vigilia, al igual que en otras enfermedades graves, es un marcador fundamental; cuando una persona empieza a descompensarse y va a tener un nuevo episodio, uno de los signos de alerta es que el sueño empieza a deteriorarse. Los pacientes saben que cuando el sueño empieza a fallar, tienen que venir rápidamente al psiquiatra porque algo está sucediendo.
Durante las fases depresivas, lo típico es el insomnio: dificultades para conciliar o mantener el sueño, o despertarse muy pronto por la mañana y que como consecuencia de ello se resienta su día a día, que tenga menos energía, esté más cansado, etc. Esto es en un porcentaje importante de depresiones bipolares. La hipersomnia, si bien no es frecuente en las depresiones bipolares, es más frecuente que en las depresiones unipolares.
Cuando una persona está deprimida, la alteración del sueño es vivida por el paciente como desagradable, y el paciente lo relata.
En el caso de la manía, sucede todo lo contrario, el paciente no quiere dormir, no necesita dormir, y está toda la noche activo.
Conducta sexual
La sexualidad es una función del psiquismo humano tremendamente compleja, y existen diversos factores que intervienen: hormonales, sensoriales, psicológicos, cardiovasculares, etc. En la mayor parte de los pacientes bipolares esta función estará alterada, y el paciente bipolar es más complejo que otro paciente porque presenta las dos fases; lo típico es encontrar una hiposexualidad en la fase depresiva, y una hipersexualidad en la fase de la manía. Normalmente no suele plantear problemas demasiado importantes pero es necesario tener en cuenta que en las fases maníacas puede haber problemas no deseados, tanto desde el punto de vista legal como de embarazos no deseados, contagio de enfermedades de transmisión sexual, y esto repercute en la salud física de los pacientes.
Por la Dra. Paz García-Portilla